noviembre 14, 2018

En los días fríos, cuando recito a soledad, extraño mi cabello largo cayendo por mi espalda. Peinándolo con mis dedos y jugando con lo lacio que es. Me gustaba imaginar al mar llevándolo entre sus olas mientras me susurraba los secretos escondidos en su vacío.

Extraño a la soledad cobijando mi cuerpo, repleto de hastío.

Cuido, las grietas que el recuerdo me permite recorrer usando velocidades, a veces cóncavas, para luego encontrar una lineal y dirigirme a lo efímero.

¿Qué ha de pasar cuando entienda la tristeza?

Las noches vagas, al final, son las que más aciertan.

Oh, Soledad, ¿acaso, has vuelto a mi puerta?

Todavía no me doy cuenta.